Por algún extraño fenómeno óptico, real o virtual, la muerte parece ahora más pequeña, como si la osamenta le hubiese encogido, o quizás siempre fue así y son nuestros ojos, de acuerdo con nuestros miedos, los que hacen de ella una gigante.
(Las intermitencias de la muerte, de Saramago)
miércoles, 11 de marzo de 2009
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