
Carlos Gardel: Los éxitos de sus películas. La aguja raspa suavemente el acetato lustroso que gira en una trayectoria incierta. El reflejo del bombillo dibuja los ojos negros de Yira, aunque la canción que se entre escucha sea Cuesta abajo, a media luz, y el reflejo sea el hálito blanco de tu blusa.
Cuando la aguja hace colochos con el disco, las cuerdas vocales de Gardel rizan la memoria, perdidas en una hora del alba que queda a mitad de siglo, guareciéndose en su dualidad del tono sepia. Y con la aguja da la vuelta la estática entrecortada, dura y áspera. Da la vuelta el hormigueo de garganta que aliviamos con el whisky y la cerveza fría. El hormigueo de espalda que desata una mano yendo y viniendo de la botella a la espalda, del algodón de la falda a la bragueta oxidada.
Nos mordemos la lengua como acto reflejo, intentamos terminar las frases de Le Pera cuando Gardel se extiende y se quiebra apostado en su saco planchado para la película. Y mientras sigue con su medio rostro cubierto por un sombrero eternamente en blanco y negro, vuelve a ser 1934 en los estudios de la Paramount.