viernes, 15 de mayo de 2009

Nano

El lunes Nano cumplió diez años fuera. El viaje se alarga cada año más, aun con imprevistos. No sé si las provisiones que le envié con mi hermano y lo que se habrá encontrado allá serán suficientes para mantener en forma de herradura al bigote que le cortaron a traición mientras sostenía sus ronquidos, aún en coma. O para mantener a raya (o sea, rectas) las varillas de su paraguas negro y los paletones de su pantalón verde claro. No soy ingenuo: tampoco habrá betún negro para sus botas de zipper que hoy quizás me quedarían pequeñas. Ya son diez años y cinco diez sin verlo cruzar la calle o murmurar que necesita agua. O resolver en el jardín el dilema de un piecito. O renegar de Alajuela, que volvió a perder. O limpiar el LP de Negrete mientras tararea el track al que le doy play de nuevo, justo cuando voy a la ventana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario