lunes, 15 de diciembre de 2008

dosmilocho {resumiendo}

De las pocas cosas que recuerdo de Ediardo, Marco y Wilfrido, mis profesores de matemática en el colegio desde 8° hasta 5°, es que el orden de los factores no altera el producto. Además de sus nombres (cosa importante ya que de mi profesor de 7° solo recuerdo que era un hijueputa), esa máxima y la máxima de la vocación que compartían los dos últimos han sido números primos en la ciencia siempre inexacta de mi vida. Si hablamos del libro de Fitzgerald, el factor vejez supone un cambio drástico en el resultado, pero esa es otra posteada, coming soon.
El tema viene porque quiero evitar el olvido, los sentimentalismos, las llamadas cajoneras y los hipócritas regalos que equivalen a un preaviso emocional, sin que el orden de los factores altere la interpretación del producto. Por eso te mando un abrazo y un besote a vos (a vos no, a la chavala de al lado).

Carmen, por todo lo que escuché arder en vos, llover en vos, seguir en vos. Y por tu Paula que dijo buuu en el sillón café. Y por un café que te espera.
Iva, por entender Macondo como las últimas tres páginas de una onomatopeya.
Miche, por escuchar, decir, pensar, escucharte. Por tu temor irreparable por lo que temo ser. Por el mar ajeno. Por la mar tan propia como nuestras palabras, que a veces parecen salir de la misma boca. Por Perez Reverte.
Mónica, por tus abrazos y por Sonámbulo.
Dani, por tus películas ciegas y tu baile sin compás.
Carlos, por tus preguntas.
Profe, por sus lágrimas.
Karen, por escucharme pensar (en Kundera y en mi insoportable levedad).
Wil, por escucharme cantar y verme divagar. Por el adicto Jhonny Cash y el patético Nacho Vegas. Por Roy, Diego y Leo.
Karla, por la fortuna y por La Fortuna. Por Sebastián mordiendo los sillones mientras yo saltaba del bungiee.
Joy y Wil, por la Luna Morena, llena como nunca este fin de semana.
Daya, por volver a bailar.
David, Lu y Eva, que en algún momento volverán.
Cinthya, por el zodiaco y por tus ojos negros.
Ma, por el abrazo que me diste amanecer domingo y por la canción que te gustaba tanto.
Pa, por verte en el espejo y recordar tu bigote mientras me rasuro.
Ale, porque no sé todavía por qué te fuiste y no sé todavía si te has ido.
Por la poesía que regresó. Por las tijeras anaranjadas que el sábado cortaron la lluvia negra de mi pelo. Por correr bajo la neblina de Coronado y de tu recuerdo. Por los caballos, los salmones, el bungiee, el baile y La Sentina. Keep walking. Y por los que nunca volverán a estar.
Gracias.



Loco, del Salmón.

3 comentarios:

  1. "Podía sentir la vibración de las máquinas bajo cubierta mientras el oficial de cuarto se inclinaba sobre la primera carta náutica del viaje, recién desplegada sobre la mesa para calcular un rumbo cualquiera: un buen rumbo trazado con reglas, lápiz y compás de puntas, en papel grueso cuyos signos convencionales representaban un mundo conocido, familiar, reglamentado por cronómetros y sextantes que permitían mantener la tierra a distancia.

    Ojalá, pensó, me devuelvan al mar. Ojalá encuentre pronto un buen barco".

    Ya sabés de dónde lo saqué y espero volver a él para recordar no sólo a Coy sino también a vos.

    Gracias por el detalle, marinero. Prometo, algún día, invitarte a uno de esos viajes de sal para que podás bailar en cubierta.

    Un abrazo, un beso y un guiño.

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  2. Yo te dejo un gran "te quiero"... sin el "mucho".
    Entre otras cosas, te quiero porque intentás mantener a flote el barco, sin importar la tormenta. Te quiero porque te ofrecés a acompañarme una noche de sábado para que no espere una llamada que nunca llegará. Te quiero porque me enseñás que cuando los de tu género dicen “te quiero mucho” mienten, cuando escriben “TQM” engañan y cuando tiemblan al pronunciar “te quiero” son sinceros.

    El baile sin compás lo comparto, como ejercicio de autosanación que mueve el alma y ayuda a pelear contra la tristeza. Un abrazote.

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