Termino estos días escuchando a Nacho y viendo a House. Los comienzo leyendo a Woolf y esquivando los arreglos navideños de todas las puertas de las casas que odio. Es sólo una alegoría, en realidad no es odio. El sentimiento ni siquiera tiene el nivel usual de la tristeza, sino que se sitúa en el punto muerto de cualquier otro cliché que no emociona para mal y mucho menos para bien. Por suerte ninguna de las dos.
Termino y comienzo estos días con un silencio más profundo, con una música más propia. Más fuerte que hasta hace poco. Yo mismo habría doblado la apuesta en mi contra. Ni siquiera habría pagado el rescate. Quién lo hubiera dicho. Cuestión de encontrar mi forma de alumbrar.
Luna, de Daniel.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario