Hubo aeropuertos desolados, bungiee, caballos, salir a bailar, salir a correr. A finales de octubre un blog. Antes de huir, tu número de teléfono en el despertador. Hubo que nadie me perdonó.
Hubo Limón el primero de enero, Coronado el 31 de diciembre. Montezuma sangrando, Paquera con cocodrilos, Manuel Antonio, Quepos, Punta Islita, Conchal, el casino en Ciudad de Panamá, el pescado entero y la cerveza en las aceras del Chorrillo (gracias, Guillermo H.).
Seis cuerdas, un micrófono y un hombre rojo, negro y verde que sigue caminando. Nuevas canciones. Nuevos silencios. Cash, Nacho, Jairo, Gieco, Roth, Erentxum, Aristimuño, Negrete, Gardel, Pereza, Aute, Santaolalla, Piero. Pérez Reverte, Kundera, Woolf, Stevenson, Vallejo, Huidobro, Azofeifa, Tolstoi, Verne. Paula, Carmen, Karla, Karen, Iva, Luna, Vane, Cynthia, Miche. Hubo su vanidad llamando a media noche, pintar las paredes de mi casa, despintar en ellas el eco de su silencio. Handy Randy. Un glioma que crece y sigue creciendo. Margarita, Gordiano, Alexander. La cuestión hasta entonces había sido el miedo. Y ya no hay. Fluflú. Voló.
El club de las horas contadas, del ex Dun can dhu Mikel Erentxun.
lunes, 5 de enero de 2009
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