jueves, 27 de agosto de 2009
La prisa
Salió a correr en enagua. Los pliegues fucsia sometían sus muslos morenos en un azaroso juego que ganaba el viento. La maría siguió apresurada su curso normal, sumando décimas. Ella, también metódica, desatoró un mechón negro que jugaba con su nariz y estaba a punto de hacerla perder el compás. El semáforo pasó de ser rojo a ser verde y el taxi avanzó de nuevo, aunque ya no había prisa.
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